13 sept. 2012

Show must go on!


Lunes 10 de Septiembre de 2012. Suena el despertador a las 8 de la mañana. Me levanto de una forma distinta al resto de días. Hoy empieza una nueva etapa en mi vida después de un duro e inesperado cambio sufrido hace casi 1 año. Muchos días y noches buscando un nuevo camino, una nueva senda por la que embarcar mi maltrecha existencia. Pongámonos en situación:
Después de un largo período de esfuerzo personal y, dicho sea de paso, académico, conseguí hace unos meses algo que jamás pensé que pudiera llegar a hacer: aprobar la selectividad. A raíz de aquel regalo o golpe de suerte, decidí que era mi momento, el momento de dejar atrás todo aquello por lo que había luchado hasta la fecha, realizar un giro (no se cuántos grados exactamente) y virar el rumbo en otra dirección. El objetivo lo tenía, solo que no sabía aún que camino escoger.

Decidí probar suerte nuevamente, e intenté acceder a la carrera de Ingeniería Informática, que desde siempre ha sido lo que he querido hacer, y siendo por una vez inconformista, opté por realizar la solicitud en una de las mejores universidades (según me he informado, aunque tal vez me han timado) de España para tal fin, la FIB-UPC, en Barcelona. Después de una larga espera para que salieran las lista de admitidos, y que había asumido que lo más probable es que tuviera que ir a segundas o incluso terceras listas debido a mi justa nota de selectividad, vino mi segunda sorpresa: me habían aceptado a la primera.
No me lo podía creer, ya que hacía apenas 2 semanas aún no sabía que carajo hacer con mi vida. Y por si fuera poco, al ponerme a buscar piso, un colega me dice que tiene una habitación vacía y que puedo estar en su piso. Menos aún podía creer aquello que estaba ocurriendo; aprobar la selectividad a la primera, entrar en la UPC a la primera y encontrar piso a la primera. “Eso tenía que ser una señal”, pensé, así que empecé a creerme que eso era real, me estaba ocurriendo a mi, y no estaba en ningún sueño ni en la película “Inception”.
Lunes 10 de Septiembre de 2012. A las 12 del mediodía estoy en el aeropuerto de PMI (Palma de Mallorca), haciendo cola en el control de seguridad, en el cual obviamente me han parado, registrado maletas e incluso los zapatos, pero eso no me importaba lo más mínimo. A las 13.30 ya estaba volando hacia BCN para empezar mi nueva vida.
Semanas atrás ya había ido para realizar la pertinente matrícula y hasta ese momento de tenerla en la mano no me acabé de creer que estaba allí, pero fue un mero trámite. Lo bueno empezaba esta semana.
Nada más aterrizar en BCN, salí del avión y encaminé mis pasos por la T1, no sin antes colocarme los auriculares y disfrutar de ese momento con buena música. La sorpresa, y razón principal de que ahora esté escribiendo este artículo, vino en ese momento. En mi lista de reproducción hay música de lo más variada (pero siempre buena música, nada de chunda chunda, triunfitos, etc), entre los que se encuentran Nirvana, Metallica, Guns’n'Roses, Led Zeppelin, Pink Floyd, Deep Purple, Jack Johnson, Donavon Frankenreiter, ACDC, Black Crowes, Michael Jackson….pero ninguno de esos sonó en ese momento.
La reproducción está aleatoria siempre, por lo que los artistas se van mezclando unos con otros, pero nada más darle al play, sonó esa canción que me arrancó una sonrisa y me dio un impulso extra. Esa obra maestra no es otra que Show must go on, de Queen. El destino quiso que en ese preciso momento en el que empezaba mi nueva vida, sonara esa canción, con un título acorde a la situación, y con un mensaje aún más adecuado si cabe. Mi cara debió reflejar una sensación que no se si jamás habré tenido.
Y así es como decidí encarar el camino, los imprevistos y reveses que nos da la vida no son suficientes para hacernos tirar la toalla, y no podemos hacer otra cosa que decir: El show debe continuar.