17 feb. 2013

Viajar en solitario. Una experiencia diferente.

A todos nos gusta viajar. Todos tenemos un destino (o más) al cual queremos ir antes de que sea demasiado tarde.

Organizar un viaje siempre hace ilusión: los preparativos, la planificación para aprovechar el tiempo al máximo, qué queremos visitar... Incluso nos hacemos con alguna de esas guías del viajero para que no se nos escape nada. Normalmente esos viajes se hacen en compañía, y ahí está también la ilusión de preparar el viaje, pero yo decidí probar un tipo de viaje diferente.

Un viaje inesperado

Vale, este subtítulo lo he copiado, pero puede resumir un poco lo que fue mi experiencia. Casi sin pensarlo, hace algo más de un año decidí que por qué no probar una forma distinta de viajar, sin preparar nada, sólo el billete de ida y vuelta (el de vuelta era opcional) y lo necesario para pasar una semana fuera de casa (y la cámara de fotos, por supuesto).

Decidí embarcarme a un viaje "experimental" en solitario por tierras andaluzas, marcando tan sólo una ruta sujeta a posibles cambios, y en poco más de una semana después de decidirlo ya estaba volando dirección a Sevilla. Nada más aterrizar, directo al que sería mi "lugar de residencia temporal" y, al llegar allí: nada.

Nada por hacer, nada más que hacer lo que uno quiera. Salir, caminar y ver a donde nos llevan los pies, sin mapa, sin destino, solo disfrutar de ese momento; que te apetece comer, comes; que te apetece visitar un parque, perfecto; que decides coger un tren y ver hasta donde te lleva, adelante. No hay nada marcado, nada planificado y todo puede cambiar en cualquier momento.

Mis otros destinos fueron Córdoba y Granada, a los cuales me desplacé en tren, disfrutando de viajar en este medio de transporte que tiene algo especial (sobretodo si estás en ventanilla), y en pocas horas un nuevo destino, un luego lugar por explorar. Nueva "casa", nuevas calles, nuevos olores, nuevos colores. Y por supuesto, fotos, muchas fotos nuevas, fotos que tiene algo especial que tal vez de no ser por este viaje no serían lo mismo.

La sensación de libertad, de saber que estás tu y nadie más, sin ningún plan al que atenerse, sin horarios, sin prisas. Es una sensación difícil de explicar y que muchos son incapaces de disfrutar, no porque no puedan, sino porque no quieren; asimilan esto con la soledad, el sentir que no tienes nadie con quien hablar puede provocar cierta incomodidad, cierta tendencia a pensar que es algo "triste", pero nada más lejos de la realidad. Este viaje no es un viaje como los demás, es un viaje en el que nadie más que tu puede disfrutar de él, un viaje en el que pasar tantas horas con uno mismo sin hacerlo en la rutina diaria hace que veamos las cosas diferentes, ayuda a conocer tus límites, tus ambiciones, tu interior.

Sin duda ha sido una de las experiencias más gratificantes de mi vida y, si duda, lo volveré a repetir. A poder ser, más lejos.